jueves 19 de noviembre de 2009

La nueva pata de palo

Los ganchos y las banderas con tibias en forma de aspa desaparecieron hace tiempo, pero no así los piratas. Cambiaron de tecnología y de modus superandi, se olvidaron de los barcos de oro españoles para atracar pesqueros. Mismo fin distinto médio.

Pero yo tengo algunas preguntas que hacer. La primera de todas es que cojones hacia un atunero vasco en las cosas de somalia, no tenemos mar en España que tenemos que irnos a tomar por culo a pescar... Yo lo siento, pero si te vas a Irak a coger guisantes no esperes un trato amable ni al ejército protegiéndote. Por muy tonto que te pongas. Yo entiendo que esos hombres tienen familias, hipotecas que pagar y niños al os que dar de comer, pero irte a somalia a coger atunes no lo veo lógico.

Otra cosa que quiero criticar es el modus superandi del ejército. A ver, una vez a salvo todos los tripulantes, ¿tan jodidamente difícil es hundir un barco? Lo que no podemos hacer es proteger a bandidos y ladrones, si quieren tocar las narices pues me parece muy bien, pero que se agarren con las consecuencias. Cuando estén en retirada, en vez de disparar con 4 pistolas, tiradle unas buenas pocas de bombas hasta que eso deje de flotar, veréis como el resto de piratas se lo pienas dos veces antes de molestar.

Por último, espero que esos dos patapalos que tienen capturados espero que no sean devueltos a su país, y que se queden encerraditos aquí en nuestras cárceles, que están muy monos.

En definitiva, contra los piratas mano dura, y a los atuneros... dejad de jugar con fuego.

domingo 15 de noviembre de 2009

Los libros se compran en las librerías

Estuve el sábado en el centro comercial Ruta de La Plata y, como de costumbre, una de las cosas que me dio por ojear es la sección de libros. La verdad es que este supermercado tiene una sección bastante grande, con una gran variedad de ejemplares medianamente clasificados.
Sin embargo el ambiente que se respira no es tan especial como el de una librería tradicional. El hecho de que aprovechando el tirón de la saga de Stephanie Meyer hayan creado una sección de novelas de vampiros (mejor dicho, lo que había allí era novela juvenil vampírica) me llama la atención. Sin embargo, grandes sagas como la serie de El Elfo Oscuro, o El Señor de Los Anillos se echaban en falta. Quizá porque son libros menos comerciales (caso del primero) o pasados de moda (caso del segundo). Haciendo de Rappel auguro que los anillos volverán a los supermercados cuando la película de el Hobbith se estrene en la gran pantalla.

Invito a todos mis lectores a ir a las librerías. A ser posible, a esas pequeñitas con un dependiente huraño que te espera sentado en un cómodo sillón, rodeado de libros de todo tipo y clase y posiblemente con uno en la mano. Ya no porque encontrarás mejores libros, que quizá no conocías. Sino porque el librero te aconsejará y recomendará creaciones diferentes a las que salen en la televisión. Así, además de llevarte a casa el último ejemplar que buscabas, te habrás llevado una grata conversación y habrán aumentado tus ganas de leértelo todo.

Es posible que esto sea sólo fruto de mi pasión por la lectura o mi gusto por ese romanticismo anticuado que aún sobrevive al siglo XVIII, pero estoy seguro de que no soy el único que os hará esta recomendación.

Un saludo amigos.

domingo 1 de noviembre de 2009

Suicidio

Hoy en público salía una noticia sobre suicidios. Resulta que el suicidio es la 2ª muerte más común entre los jóvenes. Lo más divertido de la noticia (sí, me hace gracia) es que por cada muerte, hay entre 20 y 30 intentos de suicidio.

Chicos, para todos vosotros, amantes de las cuchillas y el gas butano abierto. Os dejo un consejo.
(Recordad chicos, es bajo la calzada, no cruzando la calle)

Y de regalo...otra imagen. No seámos chapuzas.

un saludo!

martes 27 de octubre de 2009

Días de 40 horas

No sé si a vosotros os ha pasado, pero hay épocas en las que los días no dan de sí todo lo que tienen que dar y hay demasiado para hacer y demasiado poco tiempo.

Levantarse temprano y llegar a casa a última hora, o a media tarde y aún con cosas que hacer. Es estresante y sin embargo... creo que hasta a veces me gusta.

Demuestra que uno es una persona activa, con motivaciones, metas que perseguir, sitios a los que llegar, amistades a las que atender. ¿O acaso preferís estar en casa todo el día tirado, sin nada que hacer? Sin objetivos por los que pelear, más bien.

Hago esta reflexión como empujón a mi mismo y a todos los que estén como yo y arañen horas al tiempo, porque los esfuerzos tienen recompensas. No siempre, hay muchos trabajos en vano y grandes decepciones, pero no podemos quedarnos en casa y perder nuestro derecho a fallar y equivocarnos.

Un saludo a todos!

sábado 10 de octubre de 2009

Idealización y perfeccionismo

Cuando hablo de idealismo no me refiero a filosofía Platónica, sino más bien a ese objeto de deseo que lo entendemos por perfecto, genial, irrepetible y por desgracia, normalmente inalcanzable.

Cuantas veces hemos estado detrás de algo que creíamos genial, y una vez conseguido resulta que no es para tanto.
De la play3 no me aburriré nunca.
Verás cuando me compre ese coche, será genial.
Me encantaría estar con Sofía, todo sería perfecto.

Con entusiasmo soltamos esas frases y luchamos por conseguir el objeto deseado. El fin que perseguimos. Una vez con él en la mano, y depués de un entusiasmo inicial comprensible, la perfección que otorgamos al objeto se acaba desvaneciendo como el propio tiempo.

El objeto que más veces se ve afectado por la idealización es sin duda el propio ser humano. Esa chica o chico que te gusta, que llevas mucho tiempo detrás suya, observandole, mirando sus acciones... es tan ideal. Después, al fin y al cabo, el mito se acaba derrumbando y lo normal es que la realación dura poco. A mi me ha pasado también con grandes eventos o acontecimientos. Ansiadas ganas de la fiesta de X día o del mundial de fútbol, muchas veces las espectativas depositadas después de una espera tan enorme son demasiadas, y el problema es que nunca o casi nunca pueden cumplirse.

Y hasta ahí quería llegar. El problema está en nosotros y nuestra obsesión por sobreestimar lo deseado. De tanta la espera o la lucha por conseguir algo, la mente ha tenido demasiado tiempo para pensar y hacer conjeturas e imaginarse la perfección. Puesto que no existe, siempre acabaremos decepcionados.